Cómo destruir un AK-47
En su camino de San Diego a Washington, la Caravana por la Paz que encabeza el poeta Javier Sicilia realizó la destrucción de dos armas adquiridas de manera ilegal, en un acto simbólico para demostrar lo fácil que es comprar un arma en Texas.
TEXAS, Estados Unidos.- Una sierra industrial fija sobre una mesa de madera es acomodada en la explanada de la solitaria plaza Guadalupe, donde parece que está por celebrarse una extraña ceremonia. La sierra se queda por un momento a la intemperie, en medio del sol abrasante de la mañana texana, mientras activistas que viajan con la Caravana por la Paz van por un AK-47 y una Magnum que son colocadas a su lado.
La mesa de madera y la sierra industrial son de Jesús, un hombre que lleva sus apellidos tatuados en cada uno de sus brazos morenos: Salguero y González. El arma de asalto militar y la pistola de largo alcance fueron compradas el pasado fin de semana en un Gun Show de Houston. La dueña de la pistola Magnum -una de las preferidas de los sicarios mexicanos- es una extranjera que la compró sin tener identificación oficial alguna, y luego la donó al Movimiento por la Paz.
Dentro de la iglesia católica frente a la plaza, los familiares de víctimas de la guerra del narco en México que viajan en la Caravana, reciben la bendición del sacerdote Jerry Kelly. “Ustedes han decidido luchar por una causa justa. Yo rezaré por su camino”, les dice. En ese momento, los viajeros ya saben que no podrán ir a Nueva Orleans, como lo marcaba su itinerario: La llegada del huracán Isaac tiene en alerta al estado de Lousiana; en cambio, se irán para Missisipi, a la ciudad de Jackson.
Los familiares de víctimas de la guerra del narco salen de la iglesia y se encaminan hacia la plaza Guadalupe. El sitio es el corazón de la comunidad hispana en esta ciudad. Cada 12 de diciembre, día de la Virgen, se llena de paisanos, pero este lunes la explanada apenas tiene gente. Una veintena de fotógrafos con sus cámaras y tripiés se han puesto a unos metros de distancia de la sierra industrial y de las armas de fuego. En medio de ambos hay imágenes de una decena de personas secuestradas, desaparecidas, vejadas y asesinadas en México.
El acto empieza. El investigador John Lindsay Polland, anuncia desde un micrófono que las armas que están ahí serán cortadas dentro de un momento. Eso explica la sierra industrial fija sobre la mesa de madera.
Durante su recorrido por Estados Unidos, el Movimiento por la Paz demanda al Gobierno de Barack Obama, no la prohibición de la venta de armas para cacería o autodefensa, sino su regulación para impedir que éstas sean conseguidas por cárteles de la droga en ferias populares donde se venden como algodones de azúcar y luego son usadas México para desatar pandemónium’s de fuego.
“El derecho a poseer armas también debe tener sus límites, si no se dejaría a cualquier individuo tener armas nucleares”, cuestiona Lindsay, durante su intervención.
Junto a Lindsay están cinco integrantes de la Caravana de la Paz: Margarita López, mamá de Guillermo Navarro, a quien le dispararon en varias ocasiones en la espalda con un cuerno de chivo cuando estaba sentado trabajando delante de su computadora; está Olga Reyes, quien ha visto como han sido asesinados seis miembros de su familia, reconocida en Ciudad Juárez por su defensa de derechos humanos y sus críticas al Ejército mexicano: “Mis seres queridos fueron acribillados sin piedad por armas conseguidas aquí.
Las armas que supuestamente son para el deporte, se usan para hacer masacres en México”; está Zacario Hernández, un activista tzotzil que permaneció preso cinco años en Chiapas, acusado de posesión de armas de uso exclusivo del Ejército, lo cual después se comprobó que era falso: “En México -dice el indígena chiapaneco- las armas no sólo se usan para asesinar. También se usan para criminalizar a los marginados y a los defensores de derechos humanos”; está Araceli Rodríguez, mamá de Luis Ángel León, un policía federal desaparecido con otros siete agentes, cuando se dirigían a un operativo en Ciudad Hidalgo, Michoacán: “Un integrante de la Familia Michoacana dice que los secuestraron y los mataron de un balazo en la frente con las propias armas que llevaban. Ellos están muertos y jamás tendré el cuerpo de mi hijo. Las armas con las que los mataron, también están desaparecidas y es probable que continúen matando a personas… No queremos que sus armas sigan creando más albercas de sangre en México”: y está Margarita López, madre de Yahaira, una joven de 19 años desaparecida, torturada, violada y luego decapitada en Oaxaca.
Javier Sicilia se acerca después a la sierra industrial que José Salguero González suele usar para cortar tubos, ángulos y piezas de metal de una compañía que fabrica torres petroleras. Coloca una careta de protección en su rostro, el cuerno de chivo entre la sierra y comienza a cortar. De la confrontación entre la cuchilla y el metal del arma saltan pequeñas chispas que apenas se perciben por el sol intenso. La AK-47 ha quedado dividida a la mitad. Lo mismo le pasa a la pistola Magnum cuando pasa por las manos del poeta que lidera el Movimiento por la Paz.
Todo termina cuando los cuatro trozos, más los cargadores, son acomodados en cinco recipientes especiales.
Melchor Flores, papá del artista callejero, El Vaquero Galáctico, desaparecido por la policía de Monterrey, prepara una mezcla de cemento. Cada una de las urnas en las que ha sido depositado el cascajo, es cubierta con el cemento recién preparado: Las armas son divididas y enterradas en cinco pequeños ataúdes que para el Movimiento por la Paz representan el anhelo de la muerte de la guerra.
Uno de los ataúdes será dejado por la Caravana por la Paz en la tumba de Martin Luther King, cuando ésta pase por Atlanta; otro más llegará hasta Washington.








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