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La Caravana por la Paz recorrió Estados Unidos en busca de detener la guerra contra las drogas

por Iván Alejandro M. Zazueta Última modificación Oct 09, 2012 12:50 PM

La Caravana por la Paz recorrió el territorio estadunidense, de costa a costa, para generar conciencia y dialogar con el pueblo norteamericano de las consecuencias de la guerra contra las drogas en ambos lados de la frontera con México. Esta guerra sin fin es una guerra contra los pueblos y por el control y explotación de los recursos naturales.

La Caravana por la Paz recorrió Estados Unidos en busca de detener la guerra contra las drogas

Caravana en Los Ángeles, CA.

Tijuana, B.C.- “Hoy, 12 de agosto, desde esta ciudad fronteriza, tierra de los kumiai, de fray Junípero Serra y del sueño soñado por los Flores Magón de una república anarquista, entramos a territorio estadounidense”. Con estas palabras del poeta Javier Sicilia comenzó la Caravana por la Paz que recorrió 28 ciudades de EUA, desde la frontera con San Diego, California hasta Washington, D.C.

La caravana, integrada por víctimas de la violencia en México y EU, además de activistas de ambos lados de la frontera tuvo como misión entablar un diálogo con el pueblo estadunidense para detener la fracasada guerra contra las drogas iniciada en 1971 por Richard Nixon. Para ello, planteó cinco temas en su agenda: cambio en la política de drogas buscando alternativas al prohibicionismo; un alto al contrabando de armas hacia México; detener la ayuda militar de EU a México a través del Plan Mérida; una reforma integral migratoria centrada en los derechos humanos; y el incremento de intrumentos de control financiero para evitar el lavado de dinero.

Las cifras y realidades de esta guerra en ambos países son alarmantes. En México la escalada de violencia parece no tener fin: más de 70,000 muertos, más de 30,000 desaparecidos y más de 250,000 desplazados por la violencia. Con la estrategia fallida de combate al narcotráfico se ha militarizado gran parte del territorio nacional y con ello se han incrementado masivamente las violaciones a los derechos humanos y los derechos de los pueblos. Existen zonas enteras del país controladas por el crimen organizado, en las que se vive un estado de excepción de facto. México poco a poco se ha convertido en un Estado fallido y este proceso ha ido a la par de la pérdida de soberanía y la entrega de los recursos naturales a los grandes capitales nacionales y transnacionales.

En Estados Unidos la política de prohibición se traduce en el encarcelamiento masivo de poblaciones marginales de origen latino y afroamericano. Con tan sólo el 5% de la población mundial, este país tiene el 25% de la población encarcelada del mundo, la mayoría por delitos relacionados con drogas. Esto ha conllevado a una opresión de las minorías raciales nunca antes vista desde la esclavitud. El absurdo negocio de las cárceles privadas constituye sólo otra forma de lucro a través de la explotación de las clases desposeídas.

Tal como sucedió con el prohibicionismo del alcohol en los años 20, el prohibicionismo de las drogas no ha evitado ni disminuido su consumo. Las drogas están más disponibles y más baratas que nunca y su desregularización y la criminalización de sus usuarios ha aumentado las enfermedades relacionadas con la mala calidad de las sustancias que las componen y las muertes por sobredosis. Esta guerra sólo le ha dado más poder a la barbarie, es una guerra declarada al infinito y es una guerra contra nosotros, los de abajo.

La guerra contra las drogas en el mundo es tan sólo otra faceta de la guerra del capitalismo contra los pueblos y la contra la Tierra. En México esta guerra de explotación, despojo, represión y desprecio se intensificó en 1994 con la entrada en vigor del TLC y su poder militar se concentró en exterminar a quienes desde las montañas del sureste mexicano con digna rabia alzaron la voz ante estas políticas y dijeron ya basta. La guerra contra el narco es tan sólo otra guerra más para el control, saqueo y explotación de los países del tercer mundo, tal como lo es la llamada «guerra contra el terrorismo» que se libra en Medio Oriente. La construcción de esta guerra responde a la lógica de maximizar los capitales a costa de los seres humanos y la naturaleza. El capitalismo necesita de la lógica de la guerra para sobrevivir.

Es por ello que en esta caravana por la paz nos acompañó una sencilla pintura que simboliza a Tonantzin-Guadalupe, la Madre Tierra, con lágrimas, diciendo ¡Ya basta!. Ya basta de la guerra del capitalismo que arrasa culturas, pueblos, territorios y medioambiente. Ya basta de la guerra contra la vida y contra la humanidad. Esta pintura también simboliza a las madres de la caravana que están llorando por sus hijos desaparecidos o asesinados, las madres que son la fortaleza y el corazón del movimiento. Esta pintura, junto con la paloma de la paz, según la opinión de mucha gente que estuvo presente en nuestro recorrido, se convirtió en el símbolo del espíritu de la caravana.

A lo largo de nuestro recorrido por los estados fronterizos, desde California, Arizona, Nuevo México y Texas, a través de la ruta de los migrantes, desde las comunidades latinas y sobretodo mexicanas pudimos observar cómo la Guadalupana representa un símbolo de identidad y de resistencia ante la guerra del capitalismo contra las culturas, tal como lo fue para los nahuas en el siglo XVI durante la invasión cristiano-occidental. Muchos movimientos de origen mexicano o chicano en EU han utilizado la imagen guadalupana como expresión de lucha y resistencia. Uno de ellos fue el movimiento de trabajadores del campo encabezado por César Chávez, quien portaba un estandarte de la Guadalupana al frente de sus marchas.


Los caminos que caminamos en lucha los hacemos sagrados. Estamos en territorio sagrado. En Houston, Texas, con esta frase del activista Pancho Arguelles dejamos la franja fronteriza y nos adentramos al sureste del país, al encuentro con las comunidades afroamericanas y a los caminos de la lucha por los derechos civiles encabezada por el reverendo Martin Luther King Jr. Desde Jackson, Mississippi, pasando por Selma y Montgomery, Alabama y Atlanta, Georgia hasta Washington, D.C. seguimos los pasos de la desobediencia civil de las organizaciones populares afroamericanas en la lucha contra el racismo y por la igualdad. También, cuando estuvimos en la ciudad de Chicago realizamos una marcha simbólica de unión de ambas comunidades, brown and black , que partió de La Villita, en un barrio mexicano, hasta uno de origen afroamericano. Este encuentro con las comunidades afroamericanas fue de gran trascendencia en la lucha para detener esta guerra, ya que simbolizó la hermandad de las poblaciones más afectadas y oprimidas por las políticas de prohibicionismo.

El diseño de la guerra.

Después de Atlanta hicimos una parada en Fort Benning, Georgia frente a las instalaciones de la Escuela de las Américas (SOA, por sus siglas en inglés), escuela militar de combate que ha entrenado a más de 64,000 soldados de 18 países de América Latina. Este ejército de soldados entrenados para asesinar regresan a sus países y se convierten en el brazo armado de la política exterior de los Estados Unidos y su misión es proteger los intereses de las grandes corporaciones que explotan el trabajo y controlan los recursos en Latinoamérica.

Por lo menos 18 oficiales militares de alto rango que han tenido un rol importante en la guerra civil en Chiapas, Guerrero y Oaxaca son graduados de la SOA. Uno de ellos, Juan López Ortiz, comandó las tropas que cometieron la masacre de Ocosingo en 1994. Hay muchos otros graduados de la SOA que desde el levantamiento zapatista participaron y participan en la guerra contra los pueblos indígenas en Chiapas.


También hay otros ex-alumnos de la SOA que están involucrados en cárteles del narcotráfico en México. El grupo criminal conocido como Los Zetas tiene entre sus filas a varios desertores del Grupo Aéreo Especial de Fuerza Móvil del Ejército mexicano y otros grupos militares creados en 1994 para combatir al EZLN. Muchos de los integrantes de estos grupos fueron entrenados en Fort Benning. Otro graduado de esta escuela es Julián Leyzaola, ex-oficial militar quien fue jefe de policía en Tijuana y ahora es secretario de seguridad pública en Ciudad Juárez, la urbe más violenta del mundo.

Parece ser que los mandos militares de la guerra contra el narcotráfico en México, tanto de las fuerzas armadas del Estado como de las fuerzas del crimen organizado, fueron entrenados en la Escuela de las Américas, es decir, la escalada de violencia en nuestro país (y en toda América Latina) fue diseñada en esta escuela de asesinos.

Desde el corazón del poder mundial.

El último tramo de la caravana fue en el noreste de EU, donde se encuentra concentrado el poder del Imperio. «El mundo vive un profundo parteaguas civilizatorio que hace casi 20 años el levantamiento zapatista en México puso en evidencia al visibilizar a los grandes excluidos del mundo: los pueblos indios, y con ellos a todos los millones de pobres que la lógica del dinero ha excluido y miserabilizado... Casi 20 años después, aquí, en el centro, paradójicamente, de la cultura del mundo y de la barbarie de las finanzas, los Occupy y los 99% volvieron a visibilizarlo.» Éstas son parte de las palabras que Javier Sicilia pronunció en Nueva York, en el corazón del sistema financiero mundial o también llamado la barriga de la bestia. En Wall Street se encuentra concentrado el poder de los bancos en los que se lava el dinero del narcotráfico y en su cercanía se encuentra la zona cero, donde tras el ataque a las torres gemelas del World Trade Center comenzó la llamada guerra contra el terrorismo.

Del poder financiero pasamos al centro del poder político, a nuestro destino, Washington DC, donde se encuentran ubicadas las instituciones de mayor poder en el mundo: la Casa Blanca, la sede del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional (FMI), de la Organización de Estados Americanos (OEA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Reserva Federal; además de que en sus cercanías, en Virginia, se encuentra el centro del poder militar, donde se crean y ejecutan todas las guerras: el Pentágono. Es así como culminamos nuestro peregrinar por territorio estadounidense, en el que pudimos observar, encontrar y entender la otra realidad de la guerra. Hasta ese lugar llegó la pintura guadalupana que salió un día desde un rincón de la mixteca poblana para decirle a los poderosos: Contra el capitalismo, contra todas las guerras y por la humanidad... hasta la Madre dice: ¡Ya Basta!

«Por eso hoy, en que nos hemos levantado porque no soportamos ver que el mundo entero se incendia, pedimos que repiquen la paz y la libertad desde la blancura de Washington, que repiquen la paz y la libertad desde todos los barrios pobres de Estados Unidos, que repiquen la paz y la libertad desde los desiertos de Ciudad Juárez y de Tamaulipas, que repiquen la libertad y la paz desde las cañadas y los pueblos de Morelos, que repiquen la paz y la libertad en las montañas de Chiapas y en los pueblos  indios, que repiquen la paz y la libertad en cada Ciudad de Colombia, de Centroamérica y de Brasil.», así concluyó en Washington el poeta caminante, Javier Sicilia.

 

La comandanta lupita frente a la Casa Blanca
La comandanta lupita frente a la Casa Blanca. Caravana por la Paz EU.
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